Cada vez que un automovilista argentino se acerca a la estación de servicio y abona su carga de combustible, una porción significativa del precio final corresponde a la carga impositiva. Este peso tributario se distribuye entre distintos niveles de gobierno: nacional, provincial y, en algunos casos, municipal, impactando directamente en el bolsillo del consumidor y en el costo operativo del transporte en el país.